Hace aproximadamente ocho meses, un amigo nuestro envió una invitación para una exposición de la primera colección de sus pinturas para vender en niveles altos de la comunidad de artes plásticas y manuales, ya que estos artistas son muchas veces los que compran arte parecida a la de ellos.

El asunto era que no era en la  Ciudad de México sino que la exposición era en Yucatán por lo que habría de viajar ahí y al menos estar el fin de semana para las celebraciones posteriores típicas de cualquier evento de esta naturaleza. Tan pronto recibí la invitación, compre el boleto y hable para reservar el hotel que se nos recomendó por las sugerencias del evento.

Durante los meses intermedios entre el momento de que recibí la invitación y del momento de partir, olvide por completo sobre el evento, y no fue hasta una semana y media antes de la fecha cuando recordé sin problema alguno.

Un día antes de salir para Yucatán,  recibí una llama de un amigo mío quien me dijo que no había encontrado vuelos baratos para Yucatán, algo que nunca le había sucedido  ya que siempre los encontraba un día antes en una pagina de internet diseñada  específicamente para ese medio.  El asunto es que no solo no había vuelos baratos sino que no había vuelos para el día que teníamos que salir, y el día siguiente solamente los había hasta después del evento.

Naturalmente mi amigo no pudo ir.

Cuando llegamos a aquella inevitable conclusión, mi amigo comenzó a narrarme la historia de su vida, una historia que según el siempre las cosas salían mal, como si alguna fuerza exterior bloqueara el progreso de su vida, razón por la cual decía que la vida ha sido muy injusta con el hasta el momento.

La realidad de las cosas  es que en la vida los acontecimientos que la forman no son un ente independiente y espontáneos de cada día, sino que todos los acontecimientos, o al menos la gran mayoría de ellos, son efectos secundarios de acciones previamente formuladas, de una manera similar a que las ramas de un árbol son producto de la calidad de las raíces que le mantienen a pie.

Ahora bien, también cabe destacar el hecho que los acontecimientos, aunque son el reflejo de acciones o decisiones pasadas son también tremendamente influenciadas por el ambiente en el cual se crearon.

Lo mismo sucede con las flores del campo ya que ellas salen y se desarrollan de una semilla, sin embargo el fruto de esa semilla depende fuertemente de la calidad de los nutrientes de la tierra. Si estos son buenos la flor estará fuerte y saludable mientras que si esta contaminada la planta jamás se  desarrollara de la manera que debería. Lo mismo sucede con el ambiente que rodea a las situaciones.

Todo es producto de nuestras decisiones.

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